La llegada a la isla
Posteado en Campaña de Thule sobre Enero 20, 2008 por jindurainAl llegar a la misteriosa isla Groak organizó un pequeño contingente de exploración para reconocer el terreno circundante a lo que sería su asentamiento. Encomendó la tarea de dirigirlo a dos escamaduras con los que había peleado multitud de veces a lo largo de los siglos: Boraq y Gor-nakai. Boraq era un excelente jinete y dirigía a la caballería. Gor-nakai en cambio era un ejemplo para la infantería y llevaba mucho tiempo siendo el portador del tótem del ejército.
Entre ambos establecieron un recorrido para peinar las colinas circundantes, despejándolas de todo enemigo que osara enfrentarse a ellos. Nada podría soportar la carga de los jinetes gélidos con el apoyo de los innumerables saurios con los que contaban. Al menos eso pensaban.
Durante el transcurso del 3º día de marcha hacia el norte se toparon con un pequeño puesto defensivo de los enanos. Habían oído hablar de esta peculiar raza de sangre caliente de sus hermanos del sur. Eran un pueblo noble, como ellos añorantes de un pasado mejor. Pero ahora buscaban lo mismo que ellos y debían ser detenidos. Sin tiempo para preparar un plan de batalla y organizar las tropas la batalla empezó.
Ellos se habían esparcido a lo largo del valle, pero los enanos se habían atrincherado en una esquina protegiendo un posición elevada donde habían situada sus diabólicas máquinas. Pero no importaba. Podrían pasar por encima. Y entonces vio a los soldados enanos.
Enormes regimientos de soldados cubiertos de metal armadas con hachas gigantescas y pesados martillos, ordenados y muy calmados empezaron a marchar hacia ellos a paso lento. Mejor si venían pensó Boraq. Menos se cansarían ellos. A un rugido suyo, el ejército lagarto avanzó. Y entonces ocurrió lo increíble. Una salva de explosiones recorrió el valle y su unidad entonces cayó en medio de explosiones que se mezclaban con los alaridos de sus tropas. Las salamandras y los eslizones descargaron una lluvia de muerte sobre los enanos y muchos cayeron, pero todavía quedaban muchos más que avanzaban para cubrir los puestos de sus compañeros caídos. Mientras, Gor-Nakai se había quedado aislado de la batalla por unos matorrales altos que no le dejaban avanzar con presteza al combate. Con la segunda salva Boraq cayó y el tomó el mando de las diezmadas tropas de los hombres lagarto. Los kroxigores cargaron varias veces contra la guardia personal del señor enano apoyados por una valiente unidad de eslizones. A pesar de aplastar a varios con sus hachas, los kroxigores fueron repelidos una y otra vez. Los enanos los habían empujado lenta e inexorablemente hasta la entrada del valle. Entonces los “valientes” eslizones huyeron. El flanco había caído y los enanos le rodeaban. Era el momento de tocar retirada, volver al campamento y discutir el plan de acción. Esos sacos de sangre caliente volverían a oír de los hombres lagarto.
MANU: Unos 1200 puntos (creo, no tengo la lista en zaragoza)
FERNANDO: Unos 250 puntos (qué vergüenza!)