Los Lobos de Loren

Buenos días joven elfo, Lermion ya se había acostumbrado a ese calificativo hace años, pues a pesar de sus 187 años su edad era solo un suspiro en la existencia del mágico bosque de Loren.

El bosque normalmente era silencioso, más una presencia que otra cosa, pero cada vez que le hablaba significaba que algo importante iba a ocurrir y con ese desasosiego se levantó y acudió a la llamada de armas que había recibido la noche anterior.

El camino desde su cuarto hasta las dependencias de su comandante era largo y angosto, y para un humano u otro ser no invitado sería mortal, pero las ramas se abrían y el terreno se despejaba abriéndole el camino para cerrarse inmediatamente a su espalda como siempre había ocurrido.

Que la suerte te acompañe joven pues el viaje es largo y los peligros ciertos, seguía susurrándole el viento y los susurros de las hojas. Ve y recupéralo para nosotros puesto que si no es así una noche sin fin se abatirá sobre el mundo y ni todas nuestras fuerzas podrán hacer que el sol brille de nuevo en esta tierra.

La reunión fue rápida y sin tapujos, se había descubierto hace poco un objeto de gran poder que había estado aletargado durante miles de años y al parecer algo lo había despertado.

La razón de sólo enviar a un capitán con su compañía era que los skaven se habían vuelto mas audaces últimamente y se habían descubierto nuevos túneles en las proximidades del bosque y la luna se torcía últimamente demasiado, siendo muy propicia para los nigromantes, siempre ansiosos de devorar nuestro bosque, así que cada elfo estaba en alerta y no se podía permitir el perder demasiados soldados pues las tareas de vigilancia dejarían de ser eficaces.

Así también se lo comento a sus hombres y apesadumbrados prepararon sus enseres y armas para abandonar por primera vez en sus vidas el bosque que habían jurado defender a costa de su propia sangre.

Pero algo cambio esta vez, cuando la compañía estuvo lista para partir y solo faltaban unos cuantos pasos para abandonar su ancestral hogar las ramas cerraron el paso y los árboles de su alrededor despertaron.

Saludos joven elfo, dijo el enorme abedul que se había puesto justo enfrente de Lermion, esta misión no es casualidad que te haya sido encomendada a tí, pues yo mismo puse en los sueños del chaman tu nombre y el conocimiento acerca del objeto que debes ir a recuperar, mas no estarás solo, la isla se encuentra lejos de tu hogar, pero sus bosques poseen aun mucha de la magia que también creó este lugar y tu eres el único que será capaz de despertar la ayuda que sabemos te hará falta al llegar allí ya que la cruzada que tienes por delante no debe ser luchada solo por los elfos pues es mucho lo que se puede perder si fallas.

Al decir esto, las ramas del enorme árbol se combaron y acercaron al sorprendido capitán dos objetos, uno era un estandarte hecho de hojas enlazadas con un enorme lobo de color rojo en el centro y sobre el había una flauta de madera pulida con dibujos de árboles y hojas hechos con la sabia de un árbol.

Estos presentes deberás llevarlos mientras te encuentres fuera de este bosque, la flauta sirve para despertar a los árboles de la isla y el estandarte hará que te reconozcan como un amigo, y ahora parte con nuestra bendición y no vuelvas hasta que el objeto que debes recuperar sea tuyo.

Con un ademán un tanto titubeante el capitán de la compañía de los lobos recogió los presentes, agradeció al árbol sus regalos y juro que no descansaría hasta volver con el objeto.

Tras estas palabras el bosque volvió a su lugar como si hubieran estado esperando esa señal para hacerlo, todo había vuelto a la normalidad, como si nunca se hubiera movido y los rasgos del árbol habían desaparecido, pero todo alrededor había cambiado, el paisaje que tenían delante no correspondía con la llanura bretoniana que iban a recorrer, sino que una inmensa costa se desplegaba a su frente y las gaviotas volaban a sus anchas por una playa de arena fina y limpia.

Habían sido transportados a la isla de Thule, en solo un abrir y cerrar de ojos el bosque los había transportado a su destino, y justo a tiempo, pues para gran pesar de Lermion una gran barcaza de factura inconfundiblemente enana estaba encallada unos kilómetros mas al norte de su posición y por el horizonte una gran ciudadela de los elfos oscuros navegaba para atracar en otra de las playas al sur del bosque.

Inmediatamente Lermion se puso a dar órdenes, a partir de ahora ese seria su puesto de mando y desde ahí avanzarían hasta las ruinas para recuperar el objeto. En segundos todo era un hervidero de actividad, los exploradores desaparecieron para recopilar información del lugar mientras que el resto comenzaba los preparativos para la campaña que se avecinaba.

Cuando se aseguro que todo el mundo estaba ocupado plantó el estandarte en el centro del campamento y comenzó a tocar la flauta que le habían regalado, tan pronto como poso sus labios sobre el instrumento una suave canción brotó como si fuera el susurro de los árboles agitados por el viento de primavera.

Al oír la canción todos los elfos dejaron de trabajar, embelesados por la música que su capitán entonaba en ese momento, mas allá entre la espesura algo se abría paso hacia ellos con una velocidad que ni el mejor corredor podría igualar.

Al llegar al claro se detuvo aun en la sombra, aunque sus ojos brillaban de un color ámbar brillante examinando el campamento lentamente hasta que se detuvo en el estandarte y como si al fin reconociera lo que veía comenzó a acercarse lentamente mientras el sol iba descubriendo la figura de una driade de aspecto femenino y piel oscura.

Al llegar a la altura del joven capitán la canción cesó y la driade planto una rodilla en el suelo colocando sus ojos a la altura del elfo.

Saludos joven, conocemos tu misión y hemos despertado para ayudarte, no estarás solo, mientras decía eso las manos de la driade rozaron con delicadeza la flauta y dijo de nuevo: Esta flauta ya no despertara más árboles, si algún día necesitas refuerzos en tu misión tócala de nuevo y él acudirá.

Tras decir esto y tan rápido como había llegado, la driade desapareció, y solo entonces Lermion se permitió volver a mirar la flauta que en vez de los dibujos que una vez poseía ahora la forma de un gran dragón recorría el instrumento con un brillante color jade.

Una vez recuperado del shock guardó la flauta en un bolsillo de su capa y volvió a gritar ordenes a sus soldados que aun estaban mirándole, la compañía de los Lobos de Loren ha llegado a Thule y han venido para luchar y vencer.


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