Batalla contra los Antiguos

El sol comenzaba a ocultarse tras los riscos del Oeste mientras los últimos supervivientes del grupo de hombres lagarto se dispersaba en dirección a las colinas. La batalla había sido sangrienta, y el sol rojizo le recordaba a Gorraj la derramada por sus camaradas. Su grupo de exploración no había sufrido demasiadas bajas, pero aún así la vida de uno de sus hombres le pesaba tanto como el paso de los años, el viejo tabernero había vivido muchos. Muchos años, muchas victorias, pero también muchos camaradas que ya no volvería. Demasiados.

Estos pensamientos ocupaban a Gorraj mientras vio al General Grungnar acercarse. Thugnir había le otorgado una guardia de Martilladores, que lo rodeaban como un muro de acero allí donde iba, siempre atentos a cualquier amenaza. Desde la colina, el tabernero esperó la llegada de su superior con calma, limpiando lentamente los restos de cráneos y escamas del filo de su hacha. Las runas, como siempre, estaban impolutas.

Tardaron bastante en alcanzar la cima. Quizá hubiese debido bajar a su encuentro. Después de todo era su superior, pero desde luego él había pateado tantos culos verdes como él, y después de cantidad de veces que le había salvado el pescuezo, se había ganado ese privilegio, aunque claro está que el General también había hecho lo propio por el posadero, pero aquí el único que se había manchado las manos era él, ¡y estaba cansado, qué demonios!

Grungnar y sus guardias llegaron por fin sobre la colina mientras un par de ingenieros realizaba unas reparaciones en el cañón órgano más cercano. La máquina se había portado bien: había conseguido que el cuerpo del comandante saurio tuviese más metal por dentro que por fuera. El General saludó a Gorraj con un brusco movimiento de cabeza.

-Tengo informes de otras cuatro flotas enemigas en esta misma isla. Debemos comenzar a fortificar nuestra base lo más rápido posible.

-¿Y para decirme eso has subido hasta aquí?-replicó el tabernero-Habéis encontrado ya un lugar donde comenzar a cavar, ¿o también voy a tener que buscarlo yo?

-No, hemos encontrado indicios de un posible filón de hierro en las colinas, un buen lugar donde construir un fortín.-prosiguió Grungnar-Después de todo, visto como has dejado que te disparen y que casi expones el flanco izquierdo y los dos cañones, creo que ya me basta de tu habilidad por hoy.

-O sea que te ha gustado, ¿no?-dijo Gorraj-¡Bah! No tiene mucho mérito, estos sapos son más blandos que un humano-le dio una patada a la cabeza de un eslizón, que cayó rodando por la colina hasta romperse contra unas rocas-Fíjate, ¡todo llenos de agua! Ojalá hubiesen sido unos pieles verdes. Estos no hacían más que bramar y sacar esas lenguas largas y rojizas. ¿Has visto los cuerpos de esos grandullones? No nos han durado mucho.

-Ya. ¿Y esa herida del costado?-preguntó el General.

-¿Esto? Ni lo había notado, ¡y no me preguntes cómo ha llegado la venda hasta aquí, me la habrán puesto sin que me diese cuenta!

Grungnir apenas se alteró por la bravata del posadero, salvo por una leve sonrisa, nada más que un fugaz movimiento en la comisura de los labios. No dejaba de mirar el campo de batalla, como si viese algo que sólo él podía descifrar. El sol terminó de ocultarse, sólo quedó un resplandor rojizo en el horizonte.

-¿Sabes Gorraj? A veces pienso que estos lagartos son como nosotros. No pongas esa cara-aunque no se había movido, el General conocía a su compañero- Nosotros y ellos. Somos más parecidos de lo que crees, ellos en sus junglas y nosotros en las montañas, ambos restos de algo mucho más glorioso, de un pasado que no volverá, en lento e inevitable declive. ¿Somos así, Gorraj? Restos de una raza poderosa que habitamos únicamente entre los restos que nuestros antepasados dejaron, condenados a menguar y menguar hasta finalmente desaparecer. ¿Qué pensarán? ¿Nos consideraban malignos? ¿Lo eran ellos? ¿Acaso seremos nosotros poco más que usurpadores y saqueadores? ¿Estarán nuestras razas condenadas a una inexorable carrera hacía la inequívoca extinción?

Ambos Enanos quedaron en silencio. Los sonidos de los hombres mientras recorrían el campo de batalla recogiendo los cadáveres de los enemigos y haciendo una pira con ellos inundó los sombríos pensamientos de Gorraj y Grungnar. El olor a carne quemada llegó hasta la cima de la colina mientras las hogueras iluminaban el paisaje, formando sombras, amenazas insustanciales más allá de la vista.

Gorral rompió bruscamente el silencio:

-¡Ja! Condenados a la extinción estamos, sí que es verdad, pero estos escamosos están hoy un paso más cerca.

La risa de Grungnar se alzó como un sonido inconcebible, desconocido, pero vigoroso y sincero, alegría verdadera pocas veces expresada por el veterano guerrero.

-Gorraj, a veces me pregunto por qué considero a un tabernero viejo, gordo y sin ningún sentido de la disciplina mi mejor capitán…

-…y es cuando gano las batallas por tí cuando te das cuenta-terminó el posadero.

-¡No! En realidad todavía no lo he descubierto, pero por lo menos me haces reir. Bajemos al valle y comencemos los preparativos. Busca a Fundor y venid a mi tienda. Os explicaré cuál será nuestro siguiente paso. Pienso atacar a nuestros enemigos donde más les duele.

BATALLA A 1500 PUNTOS

Resultado Hombres Lagarto: 275 puntos

Resultado Enanos: 1500 puntos

Gorraj adquiere el sobrenombre de el Inquebrantable por conseguir que su unidad de Rompehierros sobreviviese a la carga de los kroxígores y los guerreros saurios sin muchos problemas.


LISTA DE EJÉRCITO

20 guerreros con escudos, portaestandarte, músico y veterano.

25 barbaslargas con escudos, portaestandarte (estandarte mágico), músico y veterano.

30 rompehierros con portaestandarte (estandarte mágico), músico y veterano.

2 Héroes (Gorraj y Narla) con arma y armadura rúnica y piedra del juramento.

1 cañón

1 cañón órgano

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